Hoy ha sido un día muy feliz para mí y no porque tengo aire acondicionado en casa, cosa que no está nada mal con las calores que corren, sino porque he hablado con una buena amiga que hacía mucho tiempo no hablaba.
Os diré que desde que se casó con un militar norteamericano y se fué a los Angeles, no hemos tenido mucho contacto. Pero no sé por qué los amigos de siempre no necesitan grandes argumentos para coger el teléfono y recordar viejas victorias.
Parece que en estos años no había cambiado nada, seguíamos hablando de los zapatos que nos habíamos comprado en las rebajas y de qué íbamos a hacer mañana cuando nos levantáramos.
Ahora ya no está en Los Angeles sino en Sicilia, en un pueblo que igual podría compararse con Argamasón. La gente sale a la calle con sus sillas a tomar el fresco al igual que aquí pero con una diferencia: El café. y qué café...nada tiene que ver con el largo americano ni siquiera con el bueno español. El café sabe distinto, sabe a tierra labrada, sabe a gloria. Y no lo digo yo, lo dice "mi amiga".
Y ahora, dándole vueltas a la cabeza, pienso que no es justo pasar tanto tiempo sin saber nada de alguien que ha ocupado un lugar tan importante en tu vida, sobretodo en la época más loca de nuestra juventud.
No podemos dejar al azar el encuentro. Tú ó yo, qué importa de quién se trate siempre cuando sea para estar juntas, juntas sin explicaciones ni reproches pero juntas al final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario